jueves, 15 de septiembre de 2011

PÁRESE, POR FAVOR, A PENSAR (33)


Nada, nada tengo que objetar sobre aquellos que voluntariamente pasan el cortacesped a su cabeza y se la dejan monda y lironda, como nos ofrece en esta imagen nuestro amigo José Manuel. Probablemente, el hombre tenía poco pelo antes de la acción estética y, para poca salud, ninguna. También forma parte de una moda actual. Dicen las revistas del "cuore" que los hombres calvorotas dan imagen de vigor sexual. Si eso fuese cierto, mañana mismo me ponía en manos de la maquinilla para hacer lo propio. Pero mucho me temo que eso sólo sea una leyenda urbana..., y que al final te puedes quedar con la misma mínima vigorosidad y sin pelo.

Esta fotografía no te da mucho que pensar, si no fuese por la mierda que los ciudadanos tiran a la calle. Deberíamos aprender en este aspecto de centroeuropa y, sin salir de nuestro mapa, de los habitantes de Oviedo, que han hecho de la limpieza de sus bares y calles una auténtica asignatura. En Sevilla, para que engañarnos, aparte de ser muy capillitas, y muy "miarmas", somos un poco guarros.

El hombre, tiene que ser muy confiado, ya que se ha quedado dormido en plena calle, con lo rápidos que andan los amigos de lo ajeno, y se ha sentado en uno de esos horribles elementos arquitectónicos decorativos que le han dado por poner a los nuevos urbanistas convirtiendo el paisaje callejero en duro y frío. Aquí no se puede decir eso de "la imaginación al Poder". Me da la sensación de que no ha elegido bien el lugar para echar su cabezada. Por una parte, porque parece estar encadenado y pendiente de juicio; por otra, porque la maniquí del escaparate parece que lo está remedando en su afeitado de cabeza. Aunque bien pudiera ser que él camine todos los días hasta este punto para rendirle homenaje a la mujer fabricada de poliéster. ¡Cosas!

Fotografía: José Manuel Holgado Brenes
Texto: Emilio Jiménez Díaz

4 comentarios:

  1. José Manuel Holgado Brenes15 de septiembre de 2011, 18:07

    Complemento del extraordinario pié de foto que Emilio presenta, es el hacer considerar a la concurrencia el contraste que supone abrigarse bien porque es un día de frío y por otro lado dejarse la fábrica de los sueños al aire. El mozo debe estar viendo en su fabulación onírica, que se pasea por las calles mas limpias de una urbanización del Polo Norte entre iglús residenciales guardados por focas ladradoras. Pero puede ser que nos estemos pasando un poco.

    ResponderEliminar
  2. A lo mejor se trata del amor imposible de un paciente enamorado...

    ResponderEliminar
  3. José Manuel Holgado Brenes16 de septiembre de 2011, 19:10

    Un Ángel ha apuntado en sólo seis palabras, "amor imposible de un paciente enamorado", una segunda lectura de mi instantánea del dormilón y el maniquí, revalorizándola en una dimensión romántica, que no se nos había ocurrido ni al comentarista ni al retratista... ¡cosas de ángeles!

    ResponderEliminar