martes, 16 de agosto de 2011

PÁRESE, POR FAVOR, A PENSAR (11)


Otra clásica de José Manuel Holgado. Ve y dispara, como un antiguo sheriff del legendario Oeste. Lo mismo le da que la acción pase en Triana, en el centro histórico, o en esta avenida de la Reina Mercedes, en la que, entre tantas facultades y escuelas superiores, tiene también sitio y lugar la Universidad de la Vida... No sabemos si esta mujer es gitana, rumana o de alguna etnia desconocida. No sabemos su nombre. Si podemos entender, por la instantánea, que es obesa, superiormente gruesa, y que sus pies le duelen de tanto y tanto andar en busca de una moneda para seguir existiendo. Delatan su cansancio las chanclas desperdigadas al pairo; y su pobreza, su rostro sin pasado, presente ni futuro, que enmarca una mano para el rictus de un pensamiento profundo. Augusto Rodín la hubiese convertido en bronce, desdeñando a su célebre pensador. ¿Qué pensará por los ríos de sus adentros? ¿De quién se acordará? ¿Le da gracias a la vida, o piensa que es infame, maldita, canalla y sectaria? ¿Sueña quizás con la naranja del anuncio, o es la naranja del anuncio la que la ha convocado a su llamada? Tal para cual. La obesidad, en tiempos de crisis profundas, es una seña de salud, como en la posguerra franquista. En tiempos de abundancia -que ya pasaron-, símbolo de riqueza y colesterol, de obesidad mórbida y de cercana muerte. ¡Lo que son las cosas!

Fotografía: José Manuel Holgado Brenes
Texto: Emilio Jiménez Díaz

4 comentarios:

  1. José Manuel Holgado Brenes16 de agosto de 2011, 12:43

    Pié de categoría. Superió, maestro, buenas banderillas al ejemplar fotográfico, para, como en los toros, darle alegría y picor, pero a quien lo lea, que ese es nuestro propósito, ¿verdad, Emilio?

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  2. Hemos hecho una buena pareja, José Manuel. Cada día me divierto más poniendo pie a tus fotos, aunque algunas veces las imágenes que captas me hacen dolor por los adentros. Entonces, medito profundamente y sigo pensando -utópicamente- que un mundo mejor es posible.

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  3. Nuestro mundo ha cambiado; no caben dudas. Los pobres de antes, aquellos que conocimos en el barrio y muy dentro de nosotros, estaban con lo justo de carne sobre sus huesos. En las colas interminables del comedor de las monjas de entonces -años cuarenta y cincuenta- no había ni uno que luciera un kilo de más. Fijarse: el único gordo de toda Triana era "El Niño el Té", mayorista de pescado, padre de nuestro querido amigo Paco Solís. Con deciros que su paso desde el Barranco a la casa que habitaba en la Cava de los civiles era un insólito espectáculo.
    El llamado "primer mundo", es un mundo de pobres gordos y gordos pobres.
    Contrariamente a Emilio (lo de Rodín es magistral), me he dejado llevar por lo superficial.

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  4. Lo del padre de Paco Solís bien pudiera ser porque tuviese "posibles" en aquellos años, y sería la excepción. Yo recuerdo a mis vecinos de corral y a los de la calle Juan de Pineda, flacos como una raspa de sardina, y es que para poco más daba la economía. La tuberculosis todavía hacia estragos. Las normas han cambiado con la nueva sociedad de la hamburguesa y el dale que te pego. La imagen del comunista Torrijos, en la célebre mariscada, tan orondo y coloradote, no tiene nada que ver con aquellos que hasta los años 60 no tenían nada que llevarse a la boca y que sacrificaban su mínima cena en favor de los hijos.

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