domingo, 31 de enero de 2010

DESDE MI TORRE: "LOPERA, TEN CUIDIAO"

Tié usté mas mala cara, Manolito, que los pijamas del SAS (Sebiya, Andaluzía, Sarjariana). ¡Eso no es una cara, es una cruz! ¡Asín, con los zojos más jabiertos que los zernícalos de mi pueblo, no se pué zér prezidente der Betis! Está usté, Manolito, más azustao que los pienzonistas, más demacrao que una careta de Benezia, y más acojonao que cuando otro presidente, er nuestro, er de tóos, que pa ezo ganó en las hurnas, tié que dá un dircurzo en Uropa.
¡Alegre esa cara de usté, joé, Manolito, que oy habemos ganao en Córdova por uno a zero!
Llo he bisto er partío -¡qué peazo partío, Manolito!-, y qué gran jugadó er "Capi" y los dies más, como dice don Bíctor Fernándes. Yo no zé, porque no los he contao, cuántos goles a marcao ese niño desde los más de trezcientos años que yeba en er Betis, más quel Raur der Madrid, más que er Distérfano, y más, vastantes más que ese niñato de Mesi, que tié nombre de mantecao de Estepa.
Hoy no nos jan metío cuatro los del Córdova porque sus jugadores no atinavan con los votas, que las tenían tóas doblás pa el otro lao, menos mal; y porque er Goitía ese, o como se yame, a hestao más inspirao que un poeta de "Norche der Varatillo" con dos boteyas de tintos en er cuerpo.
Pero tenga usté cuidiao, Manolito, porque emos ganao de cazualidá, y jugamos dentro de una semana con el "Ércules". ¿Save usté quiér es er "Ércules"?. Bueno, llo se lo digo: unos tíos con mas cojones quer cavallo el Espartero -que nunca tube er gusto en conocé-, y cuando eze nos coja, con menos fueye que tenemos que la fragüa der tío Laureano, capá de endiñarnos media ocena. ¡Ojito, don Manué, Manolito, ditero de mi vida..., porque es que te pego un palo de los gordos en nombre de mi agüelo y de mi pare, hijo que fue de mi agüelo!
¡Y valla usté ar campo, Manolito, que tié usté más mala cara que los pinchitos morunos (?) de los puestoz de la Feria!
Jasta la semana que viene, si usté bibe y Dioz quiere.

UN PASEÍTO EN TRANVÍA: INVITACIÓN

Cuando en 1979, después de algunos años de investigación, me dispuse a ordenar estos apuntes, sólo intenté salvar, a través de las páginas de un libro, parte de una Sevilla que ya se había perdido y en la que el tranvía había sido uno de sus principales protagonistas.
Aquella edición fue ciertamente mediocre: la portada no era atractiva y el color sepiado de textos y fotografías dejó mucho que desear. Justamente hace dos me animaron a una reedición, revisada, aumentada y con cerca de 500 fotografías muy interesantes que, por parte de algunos queridos amigos, vinieron a engrosar el legado anterior. Este nuevo encargo -que me hizo una de las empresas municipales de nuestro ayuntamiento-, y que me tuvo varios meses revisando y ampliando el material anterior, no llegó a buen puerto porque me engañaron como antes se engañaba a los chinos, que ahora cualquiera... Lo cierto es que el proyecto se quedó parado y estos "nuevos señoritos" se quedaron con los CDs de los textos y de las fotos.
Hoy me he propuesto invitaros, día a día, a un paseíto en el tranvía de la nostalgia, porque ¿quién que tenga más de 50 años no se acuerda de aquel "peligro amarillo" que, con un traqueteo particular, cruzaba nuestra ciudad de parte a parte? ¿Quién no ha vivido de niño aquellas viejas aventuras de subir en el peligroso tope o de montar al lado del conductor, en un deseo irresistible de que nos dejase manipular, siquiera por un momento, esa especie de timón de hierro, sobado y grasiento por el uso, que era la rueda amplia del freno?¡Aquellos viejos tranvías! Y lo digo con añoranza, asomándome a la ventana del ayer, porque, amén de testigos y participantes del latir de ocho décadas sevillanas, esos viejos armatostes, que hoy me empeño en recordar, fueron y sirvieron no sólo como vehículos para acortar distancias, sino como verdadero medio de comunicación social.
En el trasiego cotidiano de la vida de Sevilla, el tranvía, como uno de los principales personajes de ese ritmo, significó mucho, porque se alzó en auténtica vivienda ambulante en la que sus diarios y habituales inquilinos o contertulios -que así podrían llamarse- mantenían siempre a flor de piel la llama del diálogo, en el que, a veces, participaban todos los usuarios de la línea -incluidos conductor y cobrador-, comentando el suceso del día, la subida del billetaje, los resultados de los partidos locales, los mítines políticos o la llegada del "Conde Zeppelín".Tras este apartado, el tranvía -desde el largo camino para la concesión de las líneas hasta el final de su explotación-, seguía ocupando el puesto número uno de los comentarios de la ciudad: unas veces por los tristes sucesos en los que actuó de protagonista; otras, por la acelerada marcha en calles estrechísimas; y no pocas, en cuanto a los tranvías como empresa: poca higiene en los coches, peor servicio, contínuas subidas, ignorancia adrede de las paradas eventuales, y un largo etcétera que iremos mostrando a través de las páginas que nos ocupe este paseo por el recuerdo.En un recorrido que abarcará desde 1869 a 1965, iremos contemplando los más extraños y diversos paisajes de la vida urbana de aquellos años, los sucesos más importantes, las más delirantes anécdotas, los personajes más populares y los roces y tensiones más relevantes de la encrespada vida societaria.
¡Ojalá y con la memoria de estas páginas, por medio de un lenguaje coloquial, pueda remontarles con buen tino a varias docenas de años atrás, para que les quede, al menos, el regusto sentimental de un tiempo, si no deseado sí añorado, que lo tuvo durante 76 años como protagonista: aquel legendario "peligro amarillo", castigo y azote de nuestra ciudad, que hoy volvemos a evocar.

(Fotografía: Rippert por el Puente de Triana sobre 1885. Es tiempo de Velá por las banderas que lo adornan)

EL HUMOR Y EL FLAMENCO: LAS COSAS DE GALERÍN (2)

¡OLE Y OLE!

(Publicado por "Galerín" el 5 de Marzo de 1929)

- ¡Que cante "er Zurdo"!
- ¡Que cante "er Porrito"!
- ¡Que cante "Sarvaó"!

Cuando terminaba su tercera copla "El Niño de la Isla", "Fernando el Herrero" o "El Niño de las Marianas", el público del café cantante -Novedades, Filarmónico, La Barqueta- vociferaba pidiendo que subiera uno de los muchos aficionados que, como los espontáneos en los toros se arrojan al ruedo, se lanzaban al tablado y tomaban asiento en la silla que dejara el profesional.
"El Niño de las Marianas" o el Niño de... mamá Dolores, hacía entrega al espontáneo de la varita mágica que servía para hacer son y marcar al guitarrero los trucos del cante, y el "Zurdo" o el "Porrito" se arrancaban casi siempre por soleares o "seguiriyas" o cuando menos por malagueñas. ¡Cante grande! Nada de "la jaca cartujana" y mucho menos de lo de "la liebre jería".
La indumentaria del profesional era aflamencada. En la vida vimos en el tablao a un cantaor flamenco con corbata y cuello duro. La camisa desabrochada, la parte posterior de su cuerpecito serrano sostenida en difícil equilibrio sobre el filo de la silla, y... ¡amos a escucharlo!
La guitarra en las manos de "Habichuela", de "Pepe el Ecijano" o de "Javié" sonaba a gloria. La falseta era acogida con un "¡olé los güenos tocaores!" casi litúrgico. ¡El que no sepa hacer son -lo más difícil del mundo- que se calle!
Al empezar el rasgueo el tocaor, ya sabía el público "por qué" iba a tocar el "Niño" de moda.
- ¡Soleares, soleares!

"Cada vez que paso y miro
los umbrales de tu puerta...
(trantarín, trararí... trarón...)
los umbrales de tu puerta,
me arroíllo y los venero
como si fuera la iglesia.

¡Bien por el "Zurdo"! ¡Ahí hay un cantaó! ¡Olé! ¡Venga! ¡Oooolé! Y el "Zurdo" seguía con su palito poniéndose a tono con la guitarra. El palito solía ser una varilla culaquiera, hasta que un año se prsentó Chacón con una batuta de ébano, con su contera de plata. Al poco tiempo, todos los "Niños" tenían ya su batuta, barnizada el que menos. Chacón cantaba vestido de negro o azul marino, y en su camisa, como la nieve, sólo lucía unos pasadorcillos de oro. ¿Corbata Chacón?. ¡Por dios! La usaba en la calle pocas veces, pero en el tablao estorbaba ese indumento. Una "seguiriya" gitana y una corbata no se pueden ver. Ahora la cosa ha cambiado. Ahora no se llama juerga flamenca, sino "ópera flamenca". ¡Te maten a pellizcos Vedrines! ¡Ópera flamenca a un martinete!...

Estando yo en el Altozano...
comiéndome mis piñones...

¡De Verdi, completamente! La ópera flamenca, por lo visto, se ha abierto paso y el cante "jondo", que para sentirlo hay que "estar a tono", ha pasado a ser un espectáculo de concierto, merced a esas letrillas de fandangos y a esas "Nochebuenas" -¡buenas noches!- inventadas por los "niños" de ahora, sean del Puerto o de Marchena.
Esta croniquilla nos la sugiere un retarto del "Niño de Marchena" vestido ¡de smoking!. ¡Soleares con bombín!. ¡"Seguiriyas" con gabardina de trabilla y guantes vueltos!. ¡Estamos esperando escuchar al "Niño de Jerez", que canta mejor cuando tiene a su lado un galgo, su opinión sobre las soleares con tirilla en pie.
Manuel Torres, que canta mejor que todos los que hoy invaden los escenarios, no podra resistir esta invasión de cursilería y se quedará sin poder actuar en esos conciertos de ópera, porque, ¡habría que ver a Manuel Torres con un cuello de palomita y un "smoking", "diciendo" su copla famosa por lo "delicada":

Yo me llamo Manuer Torre,
porque me lo puso er cura
yo me llamo Manuer Torre
aquí y en la seportura.

Los que sienten el cante flamenco, los aficionados a la única música que no se ha podido copiar en papeles, que se coloquen un bombín y canten por lo bajito:

A toas las horas der día
le estoy pidiendo a un divé...

¡Ni con sombrero de paja se puede poner a tono con la guitarra!

¡El "Niño de Marchena" de "smoking"!. ¿Por qué no sale el guitarrero de levita y sombrero de copa?. ¡A lo mejor esa indumentaria acaso la reserven para cuando canten "Juan Simón", la alegre "cantiña" de los cementerios!.

¿Flamencos de "smoking"?. ¿La Nochebuena flamenca?. ¡Buenas noches!...

sábado, 30 de enero de 2010

TRIANA PUNTO Y APARTE: BAR EL ANCLA



LA GRAN UNIVERSIDAD DE TRIANA


Mínimo Paraninfo de Triana.
Ágora pequeñisima del Arte.
De poetas un digno baluarte.
Todos hablan lo que les da la gana.

Ateneo feliz de convivencia.
Aula donde se aprende cada día
-entre mínimas broncas y armonía-
que la experiencia es madre de la ciencia.

Academia ideal donde no hay crisis,
tifus, escarlatina, gripe, tisis...
Más saber hay allí que en Salamanca.

Del Flamenco la cátedra perfecta.
De Triana la escuela predilecta.
¿La Humanidad? Manolo con su "Ancla".

viernes, 29 de enero de 2010

DESDE MI TORRE: EL ASESINATO DE ASCEN Y ALBERTO


Tenía color esta fotografía de 1992, mucho color. Eran los días "señalaítos" de Santiago y Señá Sant'Ana. Días de Velá desde el atrio del Altozano, desde los barandales del puente, desde el malecón de la zapata del río, por Pureza, Arfián, San Jacinto, Vázquez de Leca y la Plazuela. Pero, sobre todo, eran días de fiestas en nuestros rostros, no porque tuviésemos varios años menos, sino porque todos los que aquí aparecemos estábamos felices porque Triana, nuestro barrio, crecía en armonía, en belleza, en actos culturales... He querido quitar hoy el color blanco y rojo de los farolillos, las listas blancas y verdes de los toldos del fondo, los colores veraniegos de nuestras camisas, y hasta la sonrisa es más pobre sin labios sonrosados. Ángel Bonilla -nuestro cónsul perpétuo- tenía en sus manos un paquete de las clásicas avellanas verdes; Manuel Lauriño, un paquete de versos, como siempre; Ángel Vela y yo nuestra cervecita gambrinera; y Antonio García Barbeito y Alberto una manzanilla fresquita traída hacía un rato, hasta el puerto de El Faro, por una barcaza amiga de la cercana Sanlúcar.
No nos unía ahí la casualidad, sino un proyecto conjunto que fue cumpliéndose poco a poco: el arreglo del derruído Arquillo de la Inquisición, el de la O, el monumento al Arte Flamenco en El Altozano, las placas cerámicas de nuestros mejores hijos, la manifestación -portada de ABC de hace 17 años- por la desidia de la Junta de Andalucía para arreglar la Capillita del Carmen, el apoyo a publicaciones y conferencias sobre el viejo arrabal... Nos juntaban los mismos afanes, las ganas de trabajar a cambio de vernos compensados con el logro -es decir, sin poner la mano-, buscando las mejores alternativas para un barrio que fue, es y seguirá siendo universal.
Con la muerte de Alberto y su mujer, con aquel terrible asesinato doble, no se nos fue sólo un amigo, se nos marchó para siempre, entre el dolor y las lágrimas, el hombre que más había luchado por un arrabal en el que no nació, pero al que tomó el pulso y el calor de su gente.
A mi jamás se me borrará de la memoria su trato exquisito, su paciente escucha ante una proposición sobre algún tema, y su resolución: rápida, precisa, creíble cien por cien. El año 1993 me dijo que si en las fechas de la Velá estaba de vacaciones ese año, y le dije que no, que volvía de las playas de Huelva el día de la Virgen del Carmen. Le pregunté por qué me hacía esa pregunta y me dijo: -No, por nada, es que nos gustaría que estuvieses con nosotros. Yo no sabía nada, pero pocos días después, en la Velá, me hicieron "Trianero del Año", el título más grande que he recibido en mi vida, el que preside la entrada de mi casa hecho en plata con mi torre de Santa Ana, el que preside mi corazón cuando ando por las calles que me vieron crecer.
No hizo falta decirle al director de mi empresa que tenía que ir con urgencia a Sevilla cuando me enteré de la noticia. Seguro que entendió que en mi rostro, siempre tan alegre, me habían crecido unos surcos profundos, arados por la pena y las lágrimas, esas que ningún pañuelo puede secar cuando nacen tan de verdad.

Dos cobardías, dos tiros, dos vacíos
a dos pasos de la Giralda erguida
en una madrugada ennegrecida
de un enero helado por dos fríos

charcos de sangre, que como dos ríos
morían casi en la mar, calle ceñida,
de un hogar donde vivía la Vida
y al que la muerte puso escalofríos.

Doce años nos marcan esa historia
cuando Ascen y Alberto, en la memoria
de todo el que se sienta ser humano,

morían cobardemente asesinados
por las manos de etarras embarrados
que enlutaron al pueblo sevillano.

Vuestra muerte jamás podrá apagarlas el paso de los años. Estáis siempre presente en aquellos que os amamos de verdad y que siempre os tenemos redivivos en al afán de cada día. Triana, en su calle de San Jacinto, tiene una memoria escrita en el azul cobalto del barrio. Mañana, sin duda, habrá flores anónimas, como cada año, al pie de vuestra imagen, esa que llevaremos siempre todos los trianeros en nuestros corazones.

UN ANTICLERICALISMO PARA EL CACHONDEO


Y EL POBRE DECÍA: GRACIAS A DIOS SOY ATEO

A este paso que vamos, la medalla
que llevo de la Virgen del Rocío
un día del cuello me la quita un tío
que tiene más peligro que "La Tralla".

La estampa del Cachorro me la esconden,
se llevan de mi estudio el Crucifijo
y, como no ande listo, sí que es fijo
que me roban el santo de mi nombre.

Se han bautizado todos por la iglesia
y se han casado todos. Mas la amnesia
de ir hoy negando a Cristo les divierte.

¡Ay, qué legión de chuflas papafritas
que cuando el Más Allá los llama y cita
se confiesan a un cura ante la muerte!

EL HUMOR Y EL FLAMENCO: LAS COSAS DE "GALERÍN" (1)

Desde mi torre cobalto, desde su amplia perspectiva, se ven muy bien los plantones que sembraron, para esplendor de los tiempos idos, aquellos hombres a los que Dios signó con la gracia de la tierra. Uno de estos hombres fue Agustín López Macías, nacido en 1881 en Sanlúcar de Barrameda, y que dejara inmortalizado para la historiografía del humor sevillano el seudónimo de "Galerín".
Puede decirse que tenía "alma de imprenta", porque desde los 9 años, ya en Sevilla, se inició en la del impresor Enrique Rasco, en la Plaza de los Terceros, pasando en 1901 a formar parte de la plantilla de tipógrafos de "El Liberal", el mejor periódico de la ciudad por aquellos años. Fue un incansable buscavidas y un genio del humor, publicista, creador teatral y reportero. Su publicación anual "Sevilla en broma", que apareció por vez primera en 1916 y duró hasta 1930, llamándose este año "El Libro de Galerín", no tenía desperdicio. Heredé de la biblioteca de mi padre algunos ejemplares, y los demás pude leerlos gracias a mi amigo Ángel Vela -creo que los tiene todos-, que me los dejó para un artículo que él mismo se empeñó que hiciera para un proyecto común que hicimos en Triana sobre la Exposición de 1929. "Galerín" tenía una gracia inmensa y triunfaba con sus anuncios publicitarios humorísticos, como éste que ponemos como ejemplo: "Itálica librería Nacional y Extranjera. Francos 28. Sevilla. Libros al contado, plazos y prestados. Únicos expendedores para España de las plumas estilográficas Delo-pen. La única pluma que no pone faltas de ortografía".
Como son muchos los artículos que escribió sobre el tema del Flamenco, poco a poco se irán asomando al paisaje que se ve desde esta torre, algunos de los más significativos en esta materia. Para hoy he elegido uno que fechó el 14 de febrero de 1918, y que está tocado con su genio de siempre, con su gota de sátira, con sus chispa de ironía y su profunda realidad sobre el tema de los "tablaos" de aquel tiempo.

EL ALEGRE TABLADO

Los periódicos de cuatro páginas dan al repórter un respiro. No se puede dar a la noticia la extensión que requiere y acaba uno más pronto, quedándole algún tiempo para recoger impresiones por esos "centros" que cierran sus puertas mediada la noche. Recorriendo los cafés-conciertos, observando siempre, hemos sabido cosas del vivir de esos pobres artistas que por un sueldo irrisorio distraen al público que concurre a estos salones, público alegre y bullanguero, que exige a una artista que cobra catorce reales que tenga gracia, que baile bien, que luzca buenos trajes, y llega en su exageración a protestar de su contextura física.
¡Cómo quiere que ande de carnes una artista que cobra tres pesetas y media!
En uno de estos salones hemos presenciado el fin de la jornada. Es la hora en que los camareros canjean las fichas por dinero contante y sonante. La hora de la madrugada en que los que han cenado bien tienen color de mazorca. ¡Figúrate, lector, que cara tendrá la "canzonetista" que comió a las seis y a las tres espera a que terminen su cuenta los camareros para cobrar veinte reales!
En las mesas cercanas al mostrador toman asiento 4 ó 5 bellas que horas antes han hecho rugir a la fiera, mostrando las hendiduras de su tórax y la estrechez de su perímetro. Hay también artistas gruesas, que a esas horas les cabe entre el corsé y el cuerpo un saco de serrín. Están como chiquillos en el colegio, silenciosas, calladas, mientras el dueño del café, un señor serio y grave, va clasificando los billetes y los montones de plata, que pasan a buen recaudo, dejando sobre el mostrador, pringoso de tanto gotear diferentes líquidos, el dinero de "las artistas".
Completan el grupo que viera el repórter cinco o seis mamás con cara de pájaro, dos o tres hermanos de las contratadas, cuatro amigos del hermano, un pretendiente oficial, otro aprendiz y otro aspirante.
Cerca de la puerta, para que ni las ratas se escapen, el señor que presta "a peseta por duro", la alquiladora de los mantones, la que fía los utensilios de tocador y cuatro o cinco bicharracos más, todos esperando que la Bella Jaramago cobre sus siete pesetas, que la pobre niña del cuadro flamenco tome sus ocho reales o que la pizpireta bolerita recoja sus tres cincuenta.
¡Y a la calle! Que ya son las cuatro y hay que dormir para volver de nuevo a las cinco de la tarde, la hora en que hay ensayo de un baile que aprendieron hace doce años. ¡Qué vida más agradable la de una artista!, dicen los que se sientan a tomar café.
Han salido del establecimiento los que sostienen hasta esa hora el espectáculo. Quedan en el salón los camareros, las otras víctimas, amontonando sillas, recogiendo mesas, llenando de agua los cacharros los que quieren descansar por la tarde.
Se han recogido las pesetas del mostrador definitivamente y nos hemos despedido del dueño, que dice sentencioso:
-Esto es una ruina. ¡Pa ellas no gana uno!
Y puede que tenga razón, pero entonces, ¿quién gana?. ¿Los esqueletos que salen tocándose con una piel de dos duros y un gorrito de terciopelo que fue vuelta de capa de su padre?. ¿El pobre cómico que pasara delante de nosotros con un gabán afeitado casi?. ¿La niña flamenca que en el mes de Enero lleva por todo abrigo la falda con que trabaja?.
¡Pobres artistas baratos a quienes el público exige carnes que lucir, ropa costosa para cambiar y, sobre todo, gracia!... ¡Con lo que ganan! ¡Gracia con ese sueldo! ¡Pobrecillos!

jueves, 28 de enero de 2010

DIEZ AÑOS SIN EL VERBO DE MANUEL BENÍTEZ CARRASCO

Hace poco más de diez años, el 25 de noviembre de 1999, se apagaba para siempre una de las voces más jugosas de Andalucía: la del amigo granadino Manuel Benítez Carrasco. Había nacido en el famoso barrio del Albaicín, en la placeta del Salvador, en 1922, el año del célebre Concurso de Granada, y a Granada vino a morir después de tantísimos años lejos de su tierra, primero en Madrid, luego en Cuba y, siempre, en México, a la que adoraba.
Quisieron los intelectuales arrinconarlo con la etiqueta de lo popular o folklórico, quizás porque ninguno había leído con atención su intensa e inmensa obra, fina, sensible, profunda y cultísima. Quizás, también, porque Manuel, aparte de ser un poeta de hondas imágenes, recitaba su obra como nadie, con voz señera, redoblada y profunda, mágica, envolvente y cautivadora, como cuando la dejó clavada en el Álvarez Quintero sevillano, en 1987, con su Pregón Taurino, totalmente irrepetible, o, junto con su paisano Manuel Cano, en la Peña La Soleá de Palma del Río..., o allí donde su verbo cálido se dejaba caer, reposadamente, mientras oía llover desde la almohada de su Diario del Agua.
Manolo dejó, como decía, hermosamente, Mariví Verdú, un legado de versos navegables y redondos. Tan redondos, tan sentidos, tan pensados y, algunos, tan vividos, que los hicieron casi suyos las voces de la propia Lola Flores, Manuel Caracol, la de la gran Gabriela Ortega, la del común amigo Fernando Lastra y la del exquisito utrerano Enrique Montoya.
Con Enrique, precisamente, dos semanas antes de su inesperada muerte, disfrutamos de una mágica noche en El Rocío en julio de 1993, en la que Manuel, Montoya, y este modesto aprendiz, acompañados por las guitarras de Eloy de Diego y del propio Enrique, cruzábamos versos y coplas sin otra eternidad inmediata que la de pasar el rato.
Recuerdo que una vez nos dieron las del alba, en "La Albariza" de la calle Betis, cuando el río casi nos mojaba los pies y ponía agua a los versos. Él, su compadre Paco Carmona, Antonio García Barbeito, Ángel Vela y yo, sin más acompañamiento que unas botellas de fina manzanilla, un buen jamón y el humo de docenas de cigarrillos. Recordé aquella ocasión, y tantas otras, cuando el Círculo de la Amistad de Córdoba, a los tres meses de su muerte, le rindió un cálido y emotivo homenaje que propició su gran amigo, Rafael Salinas, el 24 de febrero del año 2000:
Conocí a Manolo cuando las noches altas,/ cuando vino y poesía mojaban las estancias/ y uno y otro, en un juego de gozos/ cruzábamos espadas de rimas y de versos/ de sueños y palabras./ Decían que su vista/ no alcanzaba los folios/ blancos de su Granada./ Y era mentira eso:/ veía toda el alma del corazón del hombre,/ del pueblo sus fachadas,/ de la mujer sus ojos,/ del perro sus caricias,/ del niño sus miradas,/ del torero sus miedos,/ de su tierra, la Alhambra,/ albaicines gitanos,/ plazuelas de nostalgias./ Me lo llevé una noche a lomos de Triana/ y cantaron sus versos como arden las fragüas./ Fue por la calle Betis el trasegar hermoso/ de su lenta palabra,/hasta que quiso Dios y su locura/ que nos llegara el alba./ Con él fui pez en sus ríos,/ pájaro por sus montañas/ y niño que no quería/ ser hombre peinando canas./ Un lazarillo amoroso/ fui de su interior mirada:/ trianero por mi barrio,/ granaíno en sus estancias, /cordobés, serio y enjuto,/ por la Judería callada./ Hoy escribo estas memorias/ cuando ya, Manuel, nos falta,/ cuando -¿quién sabe en qué sitio?- recita su pena amarga/ y nadie sabe en qué arena/ dejó su barca varada./ Ni yo le acompaño a él/ ni él a mi ya me acompaña./ Sólo los versos nos unen/ desde su alma a mi alma.
Cuando hoy, llorando aquellos tiempos a la vez que los gozo, releo los poemas de La muerte pequeña, la angelical hermosura de El oro y el barro, la medida verónica de Frente al toro y el poema, cuando me mojo de belleza con su Diario del agua, cuando me tiro al sendero con él de Caminante o me uno al poema, amarillo y oro, de madre Giralda en su brindis taurino, no dejo de acordarme de aquel amigo, sencillo, genial e irrepetible, que me llenó media vida de amistad y de poemas.

EL PEQUEÑO POEMA

Canto cosas pequeñas

porque pequeñas cosas me sostienen,

pequeñas cosas amo,

pequeñas cosas me divierten,

y con pequeñas cosas me conformo

para vivir dichosamente.


Y con pequeñas cosas en la mano

menos penosa me será la muerte.

EL XIV FESTIVAL DE JEREZ

Desde el próximo 26 de febrero al 13 de marzo se va a desarrollar el ya clásico y madrugador Festival de Jerez, que este año cumple su XIV edición, certamen dedicado al baile flamenco y español.
En este Festival, cuya apertura correrá a cargo del Ballet Flamenco de Andalucía, dirigido por Cristina Hoyos, con "Poema del cante jondo en el Café de Chinitas", se ofrecerá una amplia y diversa muestra en la que el baile será el auténtico protagonista, no sólo en las facetas más tradicionales sino en los nuevos intentos de creatividad de los artistas que buscan nuevas propuestas escénicas desde otros puntos estéticos y expresivos.
Muchos artistas consolidados desde hace muchos años, como Carmelilla Montoya, Farruquito, Antonio Canales, María del Mar Moreno, Belén Maya, se darán cita con otros menos conocidos que quieren que se conozcan sus obras por medio de este Festival.
Aparte de las actuaciones que se van a producir en el Teatro Villamarta, habrá otros escenarios como la Sala Compañía, la Bodega de los Apóstoles, el Palacio de Villavicencio o el propio Centro Andaluz de Flamenco. Este Festival contará, además, con una "Guardería Flamenca" para niños de hasta 10 años, presentaciones de libros, conferencias, coloquios, encuentros profesionales, proyecciones y exposiciones.
Para mayor y mejor información los interesados pueden visitar la página: www.festivaldejerez.es
y para reservar entradas: taquilla@teatrovillamarta.es o en el servicio de 24 horas para telentradas: www.telentrada.com

DESDE MI TORRE: ANTEPROYECTO DE LEY DE LIBERTAD RELIGIOSA

Mal se le está poniendo el ojo a la yegua con el tema de la tan de moda libertad religiosa, cuyo anteproyecto de ley dio a conocer ayer, en su página de internet, la redacción de Onda Cero.
Las trabajadoras musulmanas -sean funcionarias o no- podrán llevar el velo en su puesto de trabajo, pero nuestros trabajadores y trabajadoras, la mayoría de ellos cristianos, no podrán -ni siquiera libremente- ostentar el crucifijo en cuarteles, dependencias municipales, juzgados, hospitales y otros edificios públicos, a excepción de altos cargos "con despacho" que sí podrán tenerlo si así lo desean. Por supuesto, tampoco podrán tenerlos nuestros hijos en las aulas de escuelas públicas
Los belenes navideños, y otros símbolos parecidos que tengan arraigo en la sociedad, serán del ámbito privado. La colocación de cualquier belén público, es decir, los muchísimos que se montan en todas las ciudades en estas fiestas singulares, quedarán al libre albedrío de cada administración y su autorización tiene que estar aprobada por el ayuntamiento de cada lugar, decidiéndolo un pleno en caso de conflicto.
A las procesiones de Semana Santa sólo podrán asistir los cargos públicos a título personal, o dejando claro que van correspondiendo a una invitación de una parroquia o hermandad. Esto -tal como dice la nota en este punto- deja la puerta abierta a que les sea recomendado a aceptar la invitación a actos de otras confesiones.
Como si el Estado no tuviese otras cosas más urgentes que solucionar, quiere presentar este anteproyecto en el Congreso como muy tarde en el mes de abril, porque aquí queremos ser europeos puntuales en todo menos en muchas cosas que están contempladas en nuestra propia Constitución.
Mucho me temo que lo que hoy comienza con la retirada de los crucifijos en escuelas, hospitales e instituciones, mañana sea, porque les moleste a algunos vecinos, o porque algunos musulmanes se opongan en un escrito oficial, la retirada, por decreto, de nuestras procesiones de Semana Santa. Cosas peores se han visto. Si lo van a hacer con los belenes, que es una de nuestras más arraigas tradiciones en toda España ¿quién puede decirme que es imposible que esto ocurra?

No sé quién dijo que los experimentos hay que hacerlos con gaseosa. Y, en estas materias, ni con gaseosa, no vaya a ser que nos explote la botella en las manos.


miércoles, 27 de enero de 2010

TELÉFONOS PARA LA CRISIS

Ya por las calles no se ven los perros atados con longanizas, qué va. Ya, cada día, se ven más pobres por las calles, por las esquinas, por las puertas de los bares, en los comedores sociales, en los dinteles de Cáritas..., y ya no son sólo rumanos o emigrantes de aquellos que hace muy pocos años vinieron a la llamada de un país que era como una especie de Jauja peruana, en el que nos cambiábamos de coche cada cuatro días, de piso, de mujer y de trabajo.
La crisis entró fuerte, a destiempo y -traidora ella- por la espalda de aquellos que narraban los cuentos de las mil y una noches. Se dijo que aquí no pasaba nada, que nosotros no teníamos crisis y que, si venía, podíamos afrontarla mejor que el resto de los países; es más, se dijo desde el propio Congreso -que estimo debe ser un lugar serio, aunque en muchos debates no haya casi nadie ocupando el sillón conseguido por los votos del pueblo-, que no se permitiría a las empresas, bajo ningún concepto, amparándose en ella si llegase, hacer expedientes de regulación de empleo, esa desgracia que para aliviarla de continente y contenido la llaman ERE.
Y siguen insistiendo en la recuperación del sistema económico, y la varita mágica no aparece, y los que tienen que comparecer, obligados cuando lo hacen, no saben qué decir, y lo poco que dicen ni se lo creen...
Es la época de apretarnos el cinturón nos dicen desde allí (Madrid) y desde aquí (Andalucía), apretarnos el cinturón los "paganinis", los que nos equivocamos en dos euros con Hacienda y ya tenemos seiscientas notificaciones de comparecencia en el buzón, los que ya no nos atrevemos ni a comprarnos un chalequito para pasar el duro invierno y cada vez bajamos más el nivel de la dieta mediterránea, no por falta de interés sino por falta de poder adquisitivo.
Fuensanta Coves, nuestra Presidenta del Parlamento Andaluz, lo dijo también: ¡Hay que contener el gasto! Y yo -que es que soy tonto, tonto y más tonto- me lo creí. Y cuando me entero que en una de las cosas que van a frenar el gasto es en gastarse 488.336 euros de nada en cambiarle los teléfonos móviles a los 109 diputados andaluces y los 291 secretarios, besacoches, asesores o lo que sean, me cojo unos rebotes que ni Ronaldo cuando le sacaron la roja el otro día. ¡Viva la contención, señora Coves! ¡Fuera el derroche! Que digo yo que con esos teléfonos, que salen cada uno a unas 200.000 pesetas, los diputados podrán ver hasta "Avatar" en tres dimensiones. La pena es que desde ellos no pueda verse -o sí, pero no importa- la miseria y gran pobreza que, como en la época de la posguerra, está asolando de nuevo a Andalucía.
Yo les recomendaría el de esta ilustración de la página, pero a lo mejor no vale para comunicarse con el pueblo ¿verdad? Y es que lo dicho: nadie hay más tonto que yo.

TRIANA PUNTO Y APARTE: LA ESTRELLA VUELVE A CASA

Por fin, después de una cuidada restauración por los responsables del Instituto Andaluz de Patrimonio Histórico, la Virgen de la Estrella vuelve a su casa de la calle San Jacinto, esa casa levantada con el esfuerzo, el trabajo y el dinero de generaciones anteriores, inaugurada el 22 de septiembre de 1963, y en la que residiría, convertida también en capilla, desde la noche del Domingo de Ramos de 1976.

Se ha ido unos meses a la cercana Cartuja y Triana ya la estaba echando de menos. Su Estrella no podía faltar de allí, cerca de todos los que se acercan a rezarle, a darle las gracias por alguna cosa, o a pedirle, como siempre, salud, y ahora, en estos tiempos que corren, trabajo, que el pan no falte en sus mesas.

Ella siempre ha sido y es la Estrella del firmamento de los trianeros; la Estrella luminosa para los muchos problemas de la vida; la Estrella caminante por los difíciles senderos de un laicismo galopante que está iniciando su andadura. Pero Ella está ahí siempre, con su valentía de Madre Dolorosa, como en aquel Jueves Santo trágico de 1932, cuando la mano impía aún quiso poner más lirios en sus sienes, más tristeza en sus ojos y más dolor en su corazón, ganándose a pulso el clamor de esta histórica saeta: Se ha dicho en el banco azul/ que España ya no es cristiana,/ aunque sea republicana/ aquí quien manda eres Tú,/ Estrella de la mañana.

Nos dicen los expertos que ya su autoría parece que no es de Martínez Montañés y que se acerca más a Luisa "La Roldana". Aún siendo interesante este dato para los estudiosos y para el archivo histórico de la hermandad, a Triana le da igual porque siempre ha entendido que fue la mano de Dios quien la puso en el alma del arrabal. Prefiero que la pregunta la haga y la conteste el gran poeta que fue -y sigue siendo en su lectura-Juan Sierra:


A LA VIRGEN DE LA ESTRELLA

¿Quién aromó de nardo tu belleza
con la sangre más limpia de Triana?
¿Quién doró tu dolor, quién hizo humana
esa pálida piel, esa tristeza?

¿Quién al sol de la tarde, fortaleza
de nácar vivo, de inocencia llana,
en la mejilla niña y luz de grana
de tu boca, bordó tanta pureza?

¿Quién por la gloria azul de la corriente,
enjoyada de amor, tierna Doncella,
es del aire la más serena fuente?

El río, el cielo, el barrio, ¡todo es Ella!
alabastro de Gracia reluciente,
Madre Divina, Virgen de la Estrella!

TRIANA PUNTO Y APARTE: PLACAS CERÁMICAS

Lo de poner unas placas cerámicas en Triana, para perpetuar en las casas de nacencia o defunción los nombres de grandes artistas de la pluma, el toreo, la copla, o de trianeros altamente distinguidos en otras facetas, fue una idea genial de mi paisano de terruño y amigo en los mismos afanes, Ángel Vela Nieto, idea excelentemente bien acogida por el entonces concejal delegado del Distrito, el inolvidable Alberto Jiménez-Becerril.
No más de 30 placas era la idea primaria, cuyos textos escribía el propio Ángel, que es, sin duda, en nuestros días, el mejor conocedor del barrio. Eran unas pinceladas de homenaje a aquellos que hicieron aún más sonoro el nombre de Triana por muchos rincones de la tierra.
Pero mi sorpresa, cuando tengo la oportunidad de pasear serenamente por sus calles, es que ya hay más placas que fachadas, y que no todas obedecen a la notoriedad de los personajes reflejados en ellas. Como se siga a este paso, las calles trianeras van a tener más lápidas que el cementerio sevillano. Se empieza así y se termina poniéndole una a aquel que vendía los altramuces más grandes y fresquitos en la puerta del cine Avenida de verano, o al que paseaba pregonando el mantillo para las macetas, o a Ruperto el de las codornices, con todos mis respetos y admiración a Ruperto.
Si ya se han cargado medio barrio con otras cosas que no es menester repetirlas, ruego a quien corresponda -que me imagino serán los responsables de la Tenencia-, que no abusen más de esas placas que tuvieron su justa medida en cantidad y nombradía. Si no es así, como trianero de pro que me considero, pido la mía por medio de este soneto tan cachondo como cameloncio:


¿PARA CUÁNDO LA MÍA?

Placas están poniendo a personajes
en casas, calles, plazas de Triana,
y ya mucho me temo que mañana
yo no tenga una puesta en mi homenaje.

Y no será por falta de azulejos
ni porque falten ya los ceramistas,
es que no habrá ni un hueco que me asista,
pared no habrá para este pobre viejo.

He llegado ya tarde a tantas cosas
que no sé ni quién me hará la glosa
como mi ego y ambición pretende.

Y al sol de la fachada, en lo más alto,
en mi calle Torrijos, y en cobalto,
una plaquita más dirá: SE VENDE.

CONCURSO DE GUITARRA EN "TORRES-MACARENA"



El próximo domingo, día 31, a las 13'30 horas, organizado por la Federación Provincial de Sevilla de Entidades Flamencas y el Instituto Andaluz de la Juventud, en la sede de la Peña "Torres-Macarena", calle Torrijiano, 29, se celebrará la fase de preselección de guitarra solista y de acompañamiento del XI Concurso Andaluz de Jóvenes Flamencos. Para mayor información, pueden llamar a los teléfonos: 954-372384 y 639-936929, o enviar un correo a la siguiente dirección: torresmacarenasevilla@hotmail.com

martes, 26 de enero de 2010

FLAMENCO DE LUTO: EL TRISTE ADIÓS A CARLOS ARBELOS

Ha sido el buen compañero y amigo Paco Sánchez -autor de esta fotografía, a la que he preferido quitarle la emoción del color-, quien me sacudía esta mañana con la escueta noticia, inesperada, tristísima, de que Carlos Arbelos, uno de nuestros más antiguos hermanos en esa pasión por el Flamenco en todas sus facetas, vocación diría yo, había fallecido. Al momento, le sucedió otro correo: el de mi compadre Manuel Bohórquez. Cuando pude recomponer un poco mi ánimo, hablé con los dos y ya me explicaron las causas de lo que, por desgracia, ya no tiene remedio. En el "Virgen del Rocío" de Sevilla, a consecuencia de una intervención que se complicó, Carlos Arbelos, demasiado joven, rendía su tributo a la vida.
Por mucho que pensemos eso de que todos somos mortales, jamás podemos hacernos a la idea de una desaparición cuando es un amigo tan cercano el que se mete, llamado por Dios, en el bosque de las sombras.
Ayer mismo pudísteis ver su nombre y el de su mujer, María Rosa, en las páginas de este blog, cuando una imagen de "El Pele", captada por él, nos acercaba al paraíso de los duendes. Hoy, su nombre me hunde junto al de tantos momentos que compartimos en aquella "Fonda del 8" que era mi casa de la calle Alfarería; en los tablaos de cientos de festivales; en los escenarios de los teatros y en las fiestas íntimas de Triana, Los Palacios o Villanueva del Ariscal; en los prolegómenos de "El Compás del Cante" y en sus fiestas de entrega; en los consejos de redacción de "Sevilla Flamenca"; en los paseos de la Velá de mi barrio...
Tuvo que ser entre en los primeros años de los 80 cuando alguien les recomendó que me visitasen y, como siempre he hecho con todo el mundo, los atendí, les presenté a mis amigos, los incluí en los círculos de ese flamenco que tanto les apasionaba y ahí comenzó para ellos una vida que con tanta inteligencia y trabajo labraron.
Unas veces juntos en estrecha colaboración, y otras en solitario, Carlos Arbelos y María Rosa Fiszbein dieron lo más granado de sí mismos a este mundo Flamenco que tanto les debe. Carlos era apasionado, trabajador incansable, con una imaginación sin límites, niño eterno que ha dejado su cuaderno de apuntes, sus cámaras y su amplia sonrisa en el heno invernal de una almohada...
Sus obras, sus exposiciones, sus muchos premios y libros: Matices Flamencos, El Flamenco contado con sencillez, Sinmisterios del Flamenco, Historia de la fotografía flamenca, La Memoria de Mariquilla..., estarán siempre con nosotros, enseñándonos, como su imagen de hombre bueno, amigo de esos amigos que esté donde esté siempre estaremos con él, recordándolo y amándolo, desde lo más profundo de nuestros corazones.
Con María Rosa, con sus familiares y amigos, quiero compartir hoy la imagen amarga de su ausencia. En esos llantos, imposibles de dominar, va una lágrima mía por los surcos.

TRIANA PUNTO Y APARTE: EL TURRUÑUELO

No es cierto que la memoria herida sea la peor y más infeliz de las memorias. Me niego a creerlo, quizás porque supe mucho de zarzas, de espinas, aguijones y lágrimas en el más virginal memorial de mis días.
Casi no me di cuenta de cuándo llegué a ese lugar al que llamaban El Turruñuelo, compuesto de tres calles fantasmagóricas a las que aún no había llegado el invento sublime de Edison; calles que, más que trianeras por absorción del gran arrabal, parecían decorados del Far-West para que rodara Edwin S. Porter a la banda de Bill Doolin.
Tres calles, tres, cual el guarismo de los tres arcángeles, como las eternas trilogías de la religión y el toreo, como las carabelas del marinero Colón. Así mis calles sustituían en este terruño entre huertas a los santos Gabriel, Rafael y Miguel; al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo; a Gitanillo, Manolete y Arruza; a la Pinta, la Niña y la Santa María..., pero sin luces de esplendores, con la dureza de la más dura de las miserias, con las ratas más grandes del mundo, con el hedor de la peor de las pobrezas, con la carencia de los más mínimos servicios higiénicos. No tenían ni nombre, y se llamaban A, B y C, hasta que a algún culto preboste, a inicio de los 50, se le ocurrió rotularlas con el de personajes ilustres que aún permanecen en su nomenclátor: el del jurista y poeta sevillano Cristóbal Mosquera de Figueroa, el del teólogo y escritor, también paisano, Juan de Pineda, y el gran vidriero de la Catedral Arnao de Flandes.
En el 69 de Juan de Pineda (antes calle B) viví hasta 1957, pero ignoro desde cuándo, no me di cuenta nunca de ese transvase de mi cava gitana a la barriada de la nececesidad, la miseria y el hambre. Sin duda alguna, esta falta de memoria se deba, aparte de a la edad, a que casi siempre seguí viviendo en mi corral de siempre al amparo de mi tía Conchita y del abrazo fuerte de mi abuelo, o en la calle Pureza al calor mimoso de mi abuela paterna. Para este olvido, un dolor hubo de por medio que nadie quería contarme, hasta que la vida, con su cruel realidad, me lo quiso poner frente a mis ojos.
Sí es cierto que fue en El Turruñuelo donde abrí por primera vez los ojos a la responsabilidad. En aquel trozo de mi vida descubrí la miguilla y el colegio público; aprendí a convivir con los niños que tenían lo mismo que yo, es decir, tan poco como yo. En aquellos años, ya tan lejanos, fumé mi primer cigarrillo de matalahúva, aprendí a montar en bicicleta, a tener puntería fiel con los balines, a fabricarme mis primeros y más queridos juegos, a remontar panderos, a comer pan con aceite y a recibir los mamporros de mi padre por alguna que otra travesura. Cada tiempo tenía su juego: la lima por el húmedo septiembre, el trompo en los finales de febrero, la cometa en el verano, la reolina de aserrín, la billarda, la tángana, el yo-yo, las cajillas, los huesos de damascos, los recortables de soldados, el aro... Y tanto aprendí allí que hasta pude sorber, profundamente, el sabor amargo de la muerte: el de mi hermana, una muerte anunciada, y el de mi amigo Cristobalín, al que el mar se tragó la primera vez que pisaba el frescor de sus olas sobre la arena...
Lo de mi hermana fue como un anticipo primero del dolor. Sabía que tenía una hermana, pero que siempre estaba solo. Cuando por ella preguntaba a mis padres y a mis tatas, Ana y Gertrudis, apenas sabían convocarme el Hospital Central como sitio de malos recuerdos. Alguna vez que otra, ante mis llantos insoportables, me llevaron al recinto, a su cama entre tantas camas, a que le diera un beso. Jamás disfruté de su compañía. Sé que allí, en aquella casa de El Turruñuelo, había movimiento de conversaciones entrecortadas cada día, duermevelas, suspiros y muchas lágrimas que me debían ocultar. Había señas de nudillos sobre los frágiles tabiques: un golpe del vecino, contestado por otro de mis padres, la niña está bien; dos golpes, contestado con otros dos, la niña está regular; tres, cuatro, diez mil golpes de mi padre sobre la pared colindante de Ramona y Eduardo "El tranviario", hablaron, lloraron de desesperación y muerte la madrugada del Jueves Santo de 1955.
Mi padre venía de ver pasar a la Esperanza por el puente, camino de Sevilla, quizás implorándole la que a él le hacía falta, para sentirse fuerte a sus treinta y cuatro años de miseria, con una hija que se le moría entre sus brazos, entre sus guiños y entre sus gratas mentiras. De tanto esperar de su Esperanza, cuando llegó a nuestra cama, ancorada en su misma habitación matrimonial, el beso que le dio a mi hermana Pepi se le tuvo que helar por las entrañas, y sus ojos, de tanto verdor esperanzado, de seguro que se le convirtieron en carbones encendidos de rabia e impotencia. Me separaron de ella y alguien me trasladó con urgencia a casa de mis tatas, que vivían frente. Quisieron hacerme olvidar aquel círculo yerto entre mis brazos, los inacabables abrazos entre llantos de mis padres y las caras de los muchos vecinos que, casi encueros, llegaban a mi casa para poner fin, con un largo y sentido lamento, a la tragedia que habían mamado desde hace años.
Al día siguiente, muy a la fuerza, cuando llegaba la hora en la que debía aparecer "La Sopera", aquel carro blanco con urna de cristales tirado por caballos percherones, me llevaron con Victoriano "El Jorobao", muy amigo de mi padre, que tenía hogar y taberna en la misma calle, frente a la desembocadura de Arnao de Flandes. Me querían distraer con golosinas, con mimos y caricias, pero en un gesto de valentía me escapé, eché a correr hacia mi casa cuando contemplé aquel carro parado en ella, atravesé todas las barreras y me colé de rondón en el dormitorio para darle un beso a mi hermana. Con su vestidito celeste y sus bucles dorados, parecía una muñequita de porcelana...
Cuando hoy día paso por allí, muy de tarde en tarde, se me agolpan los recuerdos y me lloro por dentro pensando que un día de hace 56 años yo andaba por allí con baby de crudillo y botas de goma; que por allí jugaba a la piola, al trompo, al escondite, a los caballos..., y que en esa misma calle, un Viernes Santo de 1955, yo eché a correr como una gacela para encontrarme por vez primera con la muerte.
Dios quiso que fuese allí, en El Turruñuelo.

lunes, 25 de enero de 2010

PARA UNA TEORÍA DEL DUENDE: EL PELE

La foto es de mi querido amigo argentino Carlos Arbelos, de su libro "Matices Flamencos", publicado en 1994, y que lleva un pie, hermosísimo, de su mujer, María Rosa Fiszbein. Pero yo quiero, necesito, interpretar este instante. Conozco a Manuel Moreno Maya, al que todos conocemos como "El Pele", desde que tuvo el coraje de lanzarse en solitario por esos escenarios mágicos de los festivales veraniegos, en las tabernas reservadas para la liturgia de lo hondo, en las tertulias mínimas en las que la única religión era el cante.

Tuve el gozo de presentarlo en docenas de ocasiones y de rendirle homenaje con mi modesto verbo. Pero él sí que me rindió a mí, siempre, con el escalofrío de siglos de sus tercios. Él iniciaba su cátedra de oscuras propuestas y yo jamás podía condensar en diez folios la salía de un ¡Ay! que lastimaba todos los espacios. ¿Cómo contar a los demás que no estuvieron que ese ¡ay! traspasaba la epidermis, se colaba por los poros y desembocaba en las venas camino del corazón tras haberse quedado memorizado en el cerebro? ¿Quién podía atreverse a pontificar lo que fue y en un segundo ya no era? Ese ¡ay! se quedaba cuajado en la memoria, fijo para la eternidad, pero totalmente intransferible. "Ay, ay, ay,/ ande vé y dile a mi niño Currito/ que me escriba cartas/ que con sabé que mi niño Currito está güeno/ me sobra y me basta"...

En esta imagen, Manuel de Palma está desvaído en un segundo plano, pero también se le imagina que está en trance, ensimismado, con los ojos cerrados, intuyendo el tirón, el pellizco que "El Pele" va a soltar, desmadrado el pecho, por el manantial de unos labios entreabiertos para ligar el tercio. Cuando canta este gitano cordobés, toda la genética de su raza le florece en la boca: infinita de tragedias, de latidos de sangre, de memoria herida. Cuando canta "El Pele", todo su universo más inmediato es el silencio, su voz es la única que puede, y debe, horadar el espacio de una parte a otra. Cuando su ¡ay! terrible restalla, todos nos dolemos al unísono, formamos parte de él, nos sentimos herederos de ese grito primigenio. ¡Ay, ay, ay! y todos nos llevamos las manos a los vellos en punta de nuestros brazos, y nos tocamos el corazón por ver si seguimos estando vivos, y cerramos nuestros ojos para que se abran las puertas de la memoria vieja de nuestra tierra, y casi queremos escondernos de tanto dolor, de tanto grito vivo y condensado.

El duende al que está convocando -y del que muchos no saben, o no quieren saber- se palpa ahí - yo lo siento, lo presiento, lo estoy deseando-, en esas orillas carnosas por las que saldrá, de un momento a otro, la lava candente del volcán de lo hondo, de esas entrañas que esconde un magma humano, que no mineral, que quiere ser compartido por los que amamos y nos gusta sufrir con esta liturgia del Flamenco.

DESDE MI TORRE. ¡LOPERA, VÁYASE!

Querido don Manué que en pá descanze er día que se valla, en onjalá que Dios quiera que zea pronto, a lo menos der Beti, ar que er probecito de mi bisagüelo, de mi agüelo y de mi padre, er ijo de mi agüelo, eran tan daos a queré que jasta dezían que los normales tenian la zangre roja como la carne de venao, los relles la tenían asú como la tinta de la pluma estirográfica, y los béticos berde, berde y berde, que jasta por ezo un peazo poeta de Graná nos jizo un hirno: Berde que te quiero berde, y tó era berde pá é ende que bió er primer gó en el Güerto de la Mariana en 1907. Y jezo que ante, no zé a quién se le ocurrió las malas jideas, er Beti bestía más rojo que los pimientos der piquillo. Pero Dió era sabio y, cuando se dió cuenta, lo bistió con las mismas rallas blancas y berdes que las asandías der palenque de Los Palazios. En er 1914, en sertiembre, don Arfonso XIII, que era tela de güena jente, y que le gustaba er tinto más que ar marquéz de Las Cabriolas, que ya es dezín, le dió er título de "Reá", y no como ahora con usté que si nos dan er título de "Perra gorda" nos atendíamos que conformá. Y tuvimos un jugadó inglé, más moreno que un gitano der Políngano, que se llamaba el pobre Harry Jones, y tó er campo le llamaba Papá Jones, aunque pá cojones los suyos que nos va a echá a regioná y no bende porque tiene menos papeles que los negros de las pateras y teme que er jué le meta seis guantazos bien metíos, tres cosquis con los nuíllos apretaos y lo enchiqueren en el cuarto de hutillaje der Zánchez Pirjuán, que eso pá usté...

¿No le reconcome cuando en su antigua libreta de tornillos de ditero ve en ella apuntaos a tantos béticos de onor que jan dao su nombradía por el clú? ¿No le da grima que yore desde su tumba María de las Merzedes mirando con su cuellezito cá vez más pá abajo de la tabla? Y aónde me deja a mi Curro Romero, que tó lo que ganaba toreando se lo gastava en comprá la entrada der Betis, que con eso de leurobetis y currobetis las puso usté que havía que jechá seis peonás pa sentarse a la bera de los retretes. ¿no le jentra a usté na por er cuerpo, aparte de lo mucho que le jaya entrao... que en jezas cosas no me meto?

Don Manué, don Manué... ¡Qué coño don Manué! ¿Cuándo a un ditero de cosas estropeá se le ha llamao don? Er don se lo a puesto usté por la jeta. El único don que ha paseao por la Parmera ha sío don Benito Billamarín, junto a don Irnacio Sánchez Mejías y muchos condeses y duqueses que eran más beticos que su escudo. ¿Usté sabe, Manolito el de la calle Jabugo, er niño de la taberna, la vergüenza que pasamos tos los béticos cuando vamos el lunes ar tajo y nos endiñan los palanganas con el "Marca" en la cara, dejándonos con más mal cuerpo que el que nos deja la gripe?

¿No ha bisto usté la carita, y la boz, que no le sale al probecito, de Carlos Herrera?

Hoy el Lebante nos ha cascao, mañana será el Poniente, y el domingo que biene el Córdova. Cuando nos deje usté jugando en el Charco de la Pava con el Triana, ya se quedará tranquilo. ¿No le da vergüenza y reconcomitancia, Manolito?

A Manuel Melado me lo tiene usté frito, porque el micrófono se le ha oxidao de no cantá un gó desde que casi se inventó la electrizidá, y ezo que el hombre tira de casta. Los poetas tenemos la pluma más seca que "La Esmeralda"; las novias están más encerrá los domingos que la Maja en pelotas de Golla en el Prao, porque pá qué las va a yebá a las probecitas; y pá sufrí con usté -que nunca está- y con esta mierda de equipo, pá qué van a ir al Billamarín: Pascual González, Rodríguez de la Borbolla, José Manuel Soto, Salvador Távora, Manuel Lozano, Tate Montoya, Adolfo Cuéllar, Miguel Caiceo, Fernando Iwasaki -o como se yame- Peregil, Espartaco, José el de la Tomasa, Paquito Correal, El Mani, Rafael del Estad... pá que los bean por la tele de la comunidad y les pongan la cara más colorá que la manteca del Cruce de las Cabezas...

No quiero endiñarle un garrotazo porque soi hombre de vien, como usté está biendo por estas líneas que le mando, a usté y ar Gran Poé, que tendrá mucho pero no lo emplea en ese Betis de mis entretelas. Si mi agüelo viviera, que era de un caraste que jasta le pedían perdón los guardias, usté estaría aora, desde jaze mucho tiempo, a diez metros der Cristo de Zuzillo der Zementerio... ¡Y es que tenía un caraste!

Cuarquier día, er menos que usté se espere, tó los béticos nos ponemos una peluca, un bigote asín paresío al de Charlot, y como aquer prezidente que tuvo España y que era mu baijto le gritamos una, doz, tres mir veses: ¡¡¡Lópera, vállase!!!

Aunque llo estoi vien de hortografía, porque lo ha podío bé en esta carta, le boy a dejá un sorneto de un hamigo mío que jizo cuando pegamos er borquinazo a zegunda y toa Seviya entera y parte el estrangero se tiró a la caye pá cantarle a usté las cuarenta, aunque a usté -más sordo que una puta vieja- como si le ubiesen cantao la Trabiata, o como se diga. Zerca de setenta y zinco mir personas acolasaron las cayes de la Ziudad er 15 der mes de junio del doz mir nueve. Que esa gente zalió por lo der Betis, que si es pá cogé palas y espiochas se ben las cayes más bacías que er día que zale er Zanto Entierro. Yo de letras no entiendo, pero usté, que tiene más que la enciclopedia britárnica, que asín man dicho, tiene que entendé, aunque sea ditero, lo que es er zentimiento. Dize asín:


Parecía un rebrote en primavera
de esperanza en el alma de Sevilla,
verde y blanca sus venas, banderilla
verde y blanca la voz, tan lastimera

porque el Betis perdió tren de primera,
su honor, su lema que en el alma brilla,
por culpa de un judío de calderilla
que ha robado al equipo su bandera.

Quince de Junio, orgullo de la hombría
que salpicó de verde al mundo entero
y puso de la honra su cimiento.

Que el Betis no es comercio o mercancía,
que es genética, fiel filosofía,
un hondo y emotivo sentimiento.

¿A como está guapo, Manolito? Pos acuádrate la espalda como mi Betis, del que era mi bisagüelo, mi agüelo y mi padre, hijo de mi agüelo, pierda otro partido, porque te boy a poné la espalda más descuadrá que un dominó cuando se varajan las fichas.

domingo, 24 de enero de 2010

DESDE MI TORRE: CARTA A MARTA

Querida Marta: Hace un año justo no conocía tu nombre, quién eras, a qué familia pertenecías de tantas como habitamos esta especie de estercolero que es el mundo. Mejor que no lo hubiese sabido nunca, porque tu nombre, machacado mil veces en la prensa, en la radio, en la televisión, en los carteles de las estaciones, en las pizarras de las comisarías y en los corrillos callejeros, ya me unieron a ti en la esperanza de tu encuentro, en la posibilidad de que aparecieras después de una juvenil y mala broma adolescente, en el deseo de abrazarme contigo tras unas pequeñas horas lentas y amargas...

Pero pasaban los días y, como toda Sevilla, como toda Andalucía, como toda España, como todo el orbe -donde habitamos, a pesar de todo, hombres y mujeres de buena voluntad- tuvimos por fuerza que conocerte, que amarte desde la lejanía cada día más cercana de tu historia, que rezarle por ti a Dios en nuestras oraciones, y, a medida del paso lento de los segundos -tan rápidos en otras ocasiones- unirnos a las salobres lágrimas de tus padres, a los que, sin conocerlos, como a ti, nos sentíamos todos encadenados en el mismo dolor trágico de tu ausencia.

Estés donde estés, quiero que sepas que todos hemos sufrido y seguimos sufriendo el calvario de tus progenitores, de tu familia y de tus amigos, que con ellos sentimos tu desaparición como si hija nuestra fueses, que en sus duermevelas estamos con ellos buscándote por todos los rincones que imagina la memoria, que medimos con el alma las horas y los días desde que nos faltas.

De cieno del río grande están llenas nuestras manos buscándote por sus orillas; llorosos nuestros ojos del ácido olor de un vertedero que movimos con el corazón; bautismados los pies de barro por intentar dar contigo en una zanja imposible.
Desde hace un año justo, todos somos tú, Marta. Todos hemos sentido el gran desgarrón de tu ausencia, las dudas de tu búsqueda, la sinrazón de la justicia y el odio al silencio de cuatro niñatos que no sólo jugaron contigo, sino que siguen cachondeándose del dolor solidario de un pueblo.
¡Ojalá, Marta, no te hubiese conocido, no hubiese visto jamás tu rostro juvenil, tan en flor, como llamarada de grito en las paredes, porque tu ausencia nos sigue haciendo llorar a todos de amor por ti, pero también de rabia y de impotencia!

sábado, 23 de enero de 2010

PARA UNA TEORÍA DEL DUENDE: MANUEL DOMÍNGUEZ

Esta fotografía, de cuando Paco Sánchez estaba insinuándose como el gran artista que hoy es, está desvaída de reproducciones en libros, periódicos y revistas, pero mantiene la atención de aquel 1980 en que él -siempre acompañando a su inseparable Miguel Acal- la dejó, como hermosa herencia, para la historiografía flamenca.
Antonio Mairena, que quería, pero nunca pudo decir qué era el duende, por más que lo intentaba, echaba mano de la expresión significativa de "razón incorporéa", que explicaba, quizás torpemente, pero no falto de razones, como "lo que se envuelve de sentimientos profundos dentro de una razón inconcreta, sin tiempo, sin lugar ni forma".
En esta fotografía no hay sitios de referencias para colocarla debidamente justificada. No se conoce el lugar ni el sitio ni la hora. Tampoco hace falta. Ante el oscuro intemporal de un negro que pierde la memoria del paisaje, un hombre se abraza a una guitarra: apretados los labios, duro el mentón, fruncido el gesto, cerrados unos ojos que lloran y se duelen para sus adentros, por sus recónditos vericuetos que se acercan al alma. Manuel Domínguez, "El Rubio", no gesticula aparatosamente como tantas veces hacía para acompañar al baile de Matilde o a un cante por Bulerías. Su perfil, señero como la de un patricio romano, se dibuja en lo oscuro en su plena belleza. Está como fuera de sí, embebido en la plasmación de una música ancestral de partituras seculares que sólo se escriben en las páginas del sueño. Hace perceptible su mundo interior y, entre los seis ríos del diapasón, se desmadran estados anímicos, expansivas ondas interiores y misteriosos duendes.
Manuel se abraza a una guitarra, pero con la serenidad con la que los buenos amantes preparan el prólogo del amor próximo e intenso. La acaricia pulsándola, intentando arrancarle a sus entrañas de madre paridora de sones las más sublimes músicas superpuestas de rasgueos, trémolos y arpegios.
En esta ocasión, el duende se nos presenta conformando una imagen de serenidad contenida, plácida por fuera, atorrentada por dentro. En sus reaños, los canales de su sangre llevan torrenteras de sensibilidad suprema y riegan músculos y nervios.
El duende, la razón sin razón del Arte, se nos presenta, a veces, así: sereno, relajado, reflexivo, como cuando Dios se acordó en la creación del Universo que se había olvidado poner una guitarra en las manos de sus hijos andaluces.

DESDE MI TORRE: EL LENGUAJE DE LOS POLÍTICOS

Nos decía el gran Antonio: "Escribir para el pueblo, ¡qué más quisiera yo! Deseoso de escribir para el pueblo, aprendí de él cuanto pude; mucho menos, claro está, de lo que él sabe. Escribir para el pueblo es escribir para el hombre de nuestra raza, de nuestra tierra, de nuestra habla; tres cosas inagotables que no acabamos nunca de conocer. Por eso yo he pasado de folklorista a aprendiz de saber popular. Siempre que advirtáis un tono seguro en mis palabras pensad que os estoy enseñando algo que creo haber aprendido del pueblo".

Cuando uno lee este pensamiento machadiano, que le acompañó a lo largo de todos sus poemas: sencillez, calidad y claridad en la exposición, no deja de pensar en por qué los políticos, de todas las tendencias, utilizan un lenguaje tan enrevesado para no decir nada; por qué se dirigen al pueblo con una serie de frases incomprensibles, que si las vas desmenuzando pacientemente se quedan como piezas de un rompecabezas imposibles de encajar. La mayoría de las veces que escucho los diarios o leo la prensa debería ir siempre acompañado del diccionario ideológico de la lengua española de Julio Casares o de los cien tomos del Espasa para poder enterarme de algo, o asistir como oyente a los plenos de los ayuntamientos y a las sesiones del Congreso para ver si me pongo al día con los nuevos léxicos.
¿Quién puede explicarme -que es que soy muy torpe- qué es la desestructuración metódica de la red de tejido social o de los niveles profesionales para la educación? ¿Lo saben, quizás, los que lo dicen?... Y cada día tiene uno la oportunidad de encontrarse, de sopetón, con ese nuevo lenguaje "tan coloquial y directo" para que el pueblo lo entienda: Jerarquía del sistema viario; eclosión de las estructuras formales; sostenibilidad medioambiental y social; economía de escalas; fondo estatal de inversión local para la decisión unilateral del despido exprés; flexibilización de los sistemas de capacidad productiva de bienes básicos; o la "joya" de nuestra universidad hispalense: Normativa Reguladora de la Evaluación y Calificación de las Asignaturas..., tela del telón marinera.
Y no es que hable así sólo Zapatero, Rajoy, Llamazares, ni el alcalde de Madrid, ni el de Sevilla (que algunas veces habla para tener un traductor delante), ni Zoido (hay que tener dos traductores al lado), lo malo es que así habla también el de Benacazón, y el de Fernán Núñez..., y el más iletrado de cuantos podamos encontrarnos por cualquier rinconcillo de España.
Como ejemplo de humor del lenguaje político, os dejo una joya verídica que ocurrió en el campamento de Falange "Batalla del Salado", de El Puerto de Santa María, allá por 1957, y que guardo en mi archivo de imborrables páginas. Es la consigna que uno de los "mandos" da al resto de los compañeros una vez izadas las banderas. Sé quién escribió el texto y el pobre infeliz que lo leyó, como si fuera suyo, sin saber lo que decía, pero no es mi intención dar a conocer sus nombres. No tiene desperdicio.
LA ECONOMÍA ESPAÑOLA A TRAVÉS DE LAS MAREAS. "Camaradas: Ese sencillo fenómeno que se repite, día a día, con su secuela de flujos y reflujos, de pleamares y bajamares, es más que un simple fenómeno, porque la hilación transformadora, escatológicamente hablando, y de acuerdo con los principios térmicos (segunda ley de Sady Carnot), ha metamorfoseado la apariencia de esas crestas espumosas, en donde la cohesión pierde fuerza y donde los núcleos de los átomos tienden, como si dijéramos, a una danza por "alegrías" o algo así. Camaradas, nos encontramos en la encrucijada fatídica de las contradicciones polémicas, y en ellas hay una filosofía metafísica nada lógica, porque en esta disyuntiva termonuclear ha cristalizado una gota de esencia divina. Ya lo dijo Juan Ramón: El mar es salado por el incesante fluir de los electrones fecundos y patogénicos.
La marea es algo más que un Servicio Técnico y meridiano, y a mí me duele reconocerlo porque asumo la grave responsabilidad que entraña el mismo. Para demostrar mi aserto, voy a formularme y a formularos esta pregunta: ¿Son aprovechables las mareas o tienen punto de concomitación con la economía española? Unamuno, en una apuesta con Ortega y con Gasset, siendo árbitro don Ramiro de Maeztu y juez don Gustavo Adolfo Bécquer, nos lo contesta con la siguientes palabras lapidarias: La onomatopeya y prosopopeya económica infiltrada en la médula medular de la propia ola, ola he dicho, constituye algo somático y psíquico, anatómico y abúlico, que llega hasta lo hipotético y a lo hidrofóbico.
¿Por qué no hemos rebasado el nivel térmico y hemos aprovechado esa energía transformable, latente, en un sueño espasmódico sobre el lecho silíceo de la playa? Dejo esta consigna sin terminar. Cada cual, para sus adentros, concluya lo que le dicte su conciencia. La economía en las mareas es algo que marea. Si así lo hacéis que Dios os lo premie, si no que os lo demande. He dicho. ¡ARRIBA ESPAÑA!
Pues más o menos en nuestros días. Con lo fácil que es seguir el claro ejemplo de Antonio Machado.

TRIANA PUNTO Y APARTE: CÓRDOBA Y TRIANA


CÓRDOBA Y TRIANA

Camino a la Judería.
Mis amores son siempre de mañana.
Al alba.

Córdoba casi cerrada.

Voy por la calle Judíos
y miro sus estancias,
casi todas dormidas
en la alborada.

Voy por donde me lleva
el vértigo del alma,
por donde amable invita
Córdoba a mis pisadas,
a sus largos silencios
y a su muda mirada.

Voy por la Judería
abriendo su mañana
y se fugan mis sueños
por calles de Triana.

viernes, 22 de enero de 2010

MANUEL LEÓN "EL TETA" Y UNA CURA MILAGROSA



Tuvo que ser allá por 1979 cuando Paco Parejo -el macareno más trianero que yo he visto en mi vida- tomó esta imagen con una vieja cámara que yo tenía, de aquellas de cajón que utilizaba carretes de 60x60 milímetros. Es en el hoy llamado hospital "Virgen del Rocío", en una de las habitaciones donde estaba ingresado el gran cantaor trianero, no profesional, Manuel León "El Teta", exquisito intérprete de las soleares de El Zurraque, de fandangos de El Maní y de unas hermosísimas bamberas, al estilo de Triana, que yo conseguí que trasladase al microsurco el año 1982, gracias a la firma Hispavox y al interés de mi querido amigo y productor José Blas Vega: El domingo por la mañana/ yo me voy a la venta El Vela/ y me asubo en el columpio/ que está puesto en la morera./ Del columpio no me abajo/ porque no me da la gana/ que aquel que quiera un columpio/ vaya a su casa y lo jaga.
Delicia, almíbar del mejor gusto era el que tenía "El Teta" en esa voz dulce que se enredaba en los espirales de los tercios.
El motivo de su ingreso: el tener más copas en su cuerpo que Alfredo di Stéfano en las vitrinas de su casa, las noches, que son demasiado largas, las cosas de la vida... Nos decían que estaba "mu malito, mu malito" y cuando nos vio aparecer se obró la cura milagrosa, hasta el punto de que al día siguiente o le dieron el alta, o la pidió con esa amplia sonrisa que siempre tenía a flor de piel, o, sencillamente, se escapó de entre aquellas paredes tan lejos de la zapata de su río, por cuya alternativa me inclino.
Ahí, para la historia de la amistad más profunda, quedaron nuestras sonrisas: la de él, la mía, la de su compadre y hermano Antonio "El Arenero", la de Antonio Bayón y la de Paco Parejo que, con la cámara, fue notario del momento.
¡Qué tiempos aquellos de amor, de arte y simpatía! Lo que quizás no lograron los médicos pudimos lograrlo nosotros en un momento breve donde no faltaron los chistes, las bromas alegóricas a su estado y el recuerdo perenne a su Triana del alma.

TRIANA PUNTO Y APARTE: ¿QUÉ HACEN LAS HERMANDADES?

Jamás se asemejó más un barrio universal como Triana al Cristo que lo define: El Cachorro. Por una parte, la leyenda, probablemente sabia. Por otra, la propia cruz latina que forman su espina dorsal de San Jacinto con los dos brazos de sus cavas. Pero el dolor -¡ay, el dolor!-, ese sí que es simétrico. Se encierran las hermandades en sí mismas, acicalan con primor los "pasos" de sus titulares, cumplen sus reglas con tartas de "pescaíto frito" y salen a la calle para lucir -que no es otra la expresión verbal-, la pasión de Cristo y la tristeza de María en un barroquismo de oro de un palio y un manto que se convierten en auténticas obras de arte. Mas poco o nada importa el templo grande en el que nacieron y que las cobija desde siglos y que tiene por nombre sonoro el de Triana.

¿Dónde las hermandades para acelerar aquellas obras eternas de la aduana del arrabal, que es la capillita marinera del Carmen? ¿Dónde esas instituciones prepotentes y fácticas del barrio para pedir a gritos el remozar de San Jacinto, en el que tantas hermandades tuvieron sitio y altar? ¿Dónde la voz de las hermandades trianeras para denunciar que la torre de la O se nos caía a trozos por la medianía de Castilla? ¿Dónde la denuncia reclamando que la catedral alfonsina de Santa Ana, en la que tantas veces se han cobijado sus imágenes, se venía abajo con las venas de su fachada sangrando por Vázquez de Leca? ¿Dónde el "no", rotundo y amplio, para que a la vera de ese Cristo expirante, pared con pared de la antigua ermita, en la propia entrada de la Expo'92, se permitiese una licencia para expender churros, chocolate y patatas fritas, cual si la pasión de Cristo, y de Triana, fuese una verbena engordada siempre por el tópico? ¿Para qué, entonces, las hermandades si no son aldabón de la conciencia colectiva de un barrio que se muere lentamente? ¿Para qué, si no se convierten en voces acaudaladas en pro de su templo mayor, que sólo llenan de músicas, ceras y capirotes una vez al año?

No son palabras de un anarquista ni de un ateo ni de un anticlerical ni de un antisemanasantero ni de un anticapillita ni de un antinada. Son palabras de un trianero de a pie: las mías, pronunciadas con fe y con marcada esperanza, ante cientos de personas, en el teatro de los salesianos de Triana el 6 de marzo de 1994 en el Pregón de la Semana Santa de Triana. Son palabras que están publicadas desde ese mismo día, en un librillo hermoso, por la Asociación de Padres de Alumnos y el patrocinio de la Junta Munipal, es decir, del propio ayuntamiento de Sevilla.
Lo escrito, escrito está, y no borraría ni una coma de aquello porque fue mi corazón quien escribió el texto, y el corazón nunca engaña.

Hoy, cuando las hermandades no han cambiado nada desde aquel verbo, o cuando han cambiado todo para que nada cambie -que es base de un pensamiento político-, y cuando he recibido un comentario sobre este tema al hablar de mi calle Pureza, os quiero presentar un sonetillo de urgencia, escrito sobre la marcha en un papel mil veces tachado, con lágrimas de aceite, que feché, curiosamente, el 15 de octubre del pasado año, celebración de Santa Teresa, aquella santa abulense que, miren ustedes por dónde, tenía la "austeridad" como lema. Sé, bien lo sé, de las bolsas de caridad de las hermandades de mi barrio, de sus inquietudes según sus reglas..., pero, coño -y perdonen por expresión tan cotidiana como innecesaria-, ¿Es que no es hacer caridad preocuparse por los problemas del barrio? ¿Es que al final vamos a tener que creernos aquello de que las prebendas tapan no sólo la boca sino los sentidos? ¿Es que el patrimonio humano y monumental de Triana sólo tienen que defenderlo los trianeros de a pie, a los que, además, se nos dividen entre trianeros positivos y negativos? ¿Cuántos hermanos mayores de las hermandades trianeras estaban presentes en aquella portada de ABC -donde yo, que soy un mindundi, estaba- para salvar de una vez la capilla carmelitana? Obras son amores, como dice el refrán.

Si las hermandades de este arrabal de mi nacencia piensan que hacen lo suficiente entre tríduos a sus titulares, quinarios, besamanos, bolsas de caridad y estrenos, y que todo tiene que basarse en los días de Pasión sin que les importe señalarse, aunque sólo sea un vez, dando un grito de aviso sobre esta Triana en la que nacieron los gremios que las hicieron posibles, que no se asusten si alguna vez esa Madre, bastante más antigua que sus corporaciones, les da la espalda, porque, desgraciadamente, es lo que ellas practican: ni ven, ni oyen, ni sienten..., pero mucho me temo que reciben subvenciones.

Cuando murió el glorioso Joselito
dijo alguien con dolor: Este año estrena
lágrimas de verdad La Macarena.
Fue unánime la voz, sentido el grito.

En Triana se muere nuestro brío,
emigra hacia otro sitio nuestra gente,
nos dan la puñalada por el vientre...,
las hermandades, mudas como el frío.

Metidas están siempre en sus capillas.
Ni una lágrima corre en sus mejillas.
Los estrenos son sus necesidades.

Viven de espaldas al barrio y sus problemas.
En un día resumen sus teoremas.
¿Hermanos de quién son las hermandades?




TRIANA PUNTO Y APARTE: CORRAL DE SARGUEROS



Vuelve uno a la infancia como si la vida fuese un álbum al que hemos ido pegando, día tras día, conversaciones, fotos, y memorias, olores, carreras y caídas, bautizos y muertes, bodas y desamores. Vuelve uno a los sitios para signarlos de nuevo, para nombrarlos con la misma candidez, para intentar resucitarlos en un milagro imposible. Quizás, quién sabe, para buscar a una madre que entonces era joven; para apretarse a los brazos paternos; para acariciar las manos venerables del abuelo o para intentar, en engañosa pirueta, atarse otra vez al cordón umbilical de la nacencia. Y vuelve uno a la añoranza con tremenda alegría, queriéndose asir de nuevo a la vida comunal de hambres y miserias, donde sólo el Amor, como un maná bíblico, caía sobre todos los problemas, sobre todas las personas y sobre los tristes fogones.

Era mi corral Paraíso de comunicación y de vivencias compartidas, cuando rejerbían las perolas de huesos rancios y de duras habas y todo sabía a gloria bendita ante la incertidumbre de aquella frase cotidiana: "Y mañana, Dios dirá". Paraíso de fiestas con las torrijas de la Cuaresma, con las tortitas y pestiños de la Navidad campanillera, con el mosto del cercano Aljarafe en la fiesta de la Inmaculada, con las anchoas y aceitunas de bodas y bautizos, y con el chocolate pobre -¡pero qué bien hecho!- de aquellas comuniones de trajes alquilados que apestaban al mágico incienso de las bolas de alcanfor... Y el Paraíso más esperado de todos: el de la Cruz de Mayo, clavada como una banderilla de gloria en el ruedo del patio. Alrededor de aquella cruz de papel de seda y claveles, los niños reíamos como niños, los hombres bebían como hombres y, prestidigitadores con los dedos, liaban un cuarterón verde de Tabacalera en menos tiempo que tardaba en santigüarse un cura loco. Y las viejas -¡ay, aquellas abuelas casi octogenarias del corral!- que alzaban sus brazos como haciendo giraldas de sus obesos cuerpos, cincelando la gracia, el genio y el donaire al ritmo de unas sevillanas cantadas por el coro festivo de una vecindad a la que el cuerpo le pedía ganas de juerga: -Mi novio es cartujano, mi arma,/ pintor de loza,/ que pinta palangas, mi arma,/ color de rosa..., o bailando, sin parecer que pesaban las carnes, los tanguillos verdes y picarones: -A una cuarta del ombligo/ tengo un letrero que dice:/ hasta aquí me llegó el pito/ en mil novecientos quince,/ ¡ay, qué tiempos más bonitos!...

En la inmensa humildad de mi corral, cada espacio era un mundo, pero el mundo era de todos. Recuerdo a mi abuelo -quizás, junto a mi padre, el único letrado del recinto-, escribiendo cartas de amor a esos novios que estaban ausentes por sus deberes militares, mientras la novia, sin pensarlo, con el fuego y la emoción en los ojos y en los labios, iba dictándole, sin el menor rubor, los más íntimos deseos. Recuerdo, como si ayer fuera, el olor especial a clavo, canela y miel, anticipadores de la Semana Santa; el otro olor, intenso, aceite y cáustica, de la fabricación esmerada y casera de los jabones verdes; el que dejaban las tersas sábanas, mil veces remendadas, planchadas con esmero, a espliego y lavanda; la rabiosa tufarada a Zotal de los servicios comunes... Los olores de la infancia jamás se van de los recuerdos. Todos, siempre por algo, nos dejaron sus huellas marcadas en la memoria: el del carbón, el de la leña, el del petróleo dando vida al candil, el del alcohol de cientos de arañazos, el de la cera al apagarse la vela del dormitorio, el de los cuerpos acurrucados en la angostura de la estancia...

Pero, tal vez, de todos el más bendito era el que traía la Primavera en sus alforjas, cuando una hermosa floresta cubría los esconchaos de la miseria. Jazmines sensitivos y albahacas, damas de noche y rosales, y azahares de los íntimos naranjos, impregnaban de fragancias el entorno, y gitanillas y geranios se desangraban sobre las cales de este mínimo reino en rojos y granates, blancos, salmones y lilas, reventones y pintaos, sencillos y dobles, en vidrieras de pétalos fragantes que tenían su nacencia terrenal en la humildad insigne de unas mojosas latas inservibles.

Cuando llego a Triana, siempre hay tres sitios que reclaman mis primeros pasos por el terruño: la capillita del Carmen, la iglesia de Santa Ana, y esa añorada esquina que forma Torrijos con Pelay Correa, allí donde se alzaba el mundo de mis mejores vivencias infantiles, de mis más entrañables recuerdos y de los más sentidos besos. Creí morir cuando la mano de la especulación tiraba aquel viejo roble de mi nacencia donde vivieron mis abuelos, mis padres y mis tíos, donde mis primos y yo dimos el primer latido a la vida y, nuestro abuelo Ramón, el último. Con la tala injusta de mi corral, se me murieron muchas cosas, muchos perfiles, muchas palabras siempre recordadas...

Si se pudieran apresar los tiempos gratos, como aquellas libélulas o zapateros que hacíamos prisioneros de nuestro bosque veraniego de cañas, no hay duda de que mi corral estaría el primero en mi botín, buque insignia de aquellos años idos, vino de la mejor añada, el sorbo más exquisito de cuantos a probar me ha ofrecido la vida. Daría muchas cosas por volver al terruño, a la plaza comunal de mis primeras sensaciones, al coso entrañable de mis mejores faenas infantiles, allí donde escuché los primeros sonidos, donde vi la luz primera, donde comenzaron mis primeros y torpes pasos a una vida que ha ido pasando demasiado rápida. Pasó mi corral también, como pasan las cosas, como pasamos los hombres por ella: casi rozando, casi de puntillas, casi sin poder tocar hasta su infinito los tiempos hermosos, y escasos, que fabrica la gloria.
Corral de calle Torrijos,
quién se pudiera volver
a tu vientre, como un niño
que nunca quiso crecer.
¡Ay, quién volviera a nacer
contigo, atrasando el tiempo,
para ser niño otra vez!