domingo, 25 de julio de 2010

UNAS GOTAS DE EROTISMO Y HUMOR (10)


La fogosidad muchas veces no hay ni que provocarla, viene sola. Nos lo decía la coplilla que anota Andrés Ruiz en "Coplas de la emigración" (1976), en su página 44:

Compadre, las buenas frutas
tienen su tiempo contao:
La mujer que está madura
busca caerse del árbol
sin importale la altura.

Que es lo que le ha pasado a esta mujer de la ilustración, a la que está atendiendo un hombre que pasaba por allí. ¡Qué buena persona! Distinta es la cosa cuando se desea formar pareja para estar en la misma posición que este señor:

Cuándo estaremos, bonita,
como los pies del Señor,
uno encima del otro
y un clavito entre los dos.

¡Anotemos "clavito" urgentemente! Si este lo que piensa es poner un "clavito" nada más y no una alcayata gitana de las grandes, el pobre va a tener más cuernos que el "tejao" de un matadero. Ya decía el refrán que "Más vale hombre feo y con buen arreo, que hombre bonito y sin pito". Hay que decir lo que, con marcada contundencia, cantaba esta antigua copla:

Cual de burro es mi carajo
y mis cojones de toro,
y dicen: vales más oro
que tiene arenas el Tajo.

No es conveniente para las mujeres arrimarse a los soldados cuando están de centinela, porque puede pasar algo imprevisto y peligroso, tal como nos anota la copla recogida por Fernán Caballero:

Cuando estoy de centinela
y te pones junto a mí
se me olvida la consigna
y se dispara el fusil.

Vamos a anotar "fusil" como atributo sexual masculino para nuestro futuro diccionario. Yo no sé quién sería el asesor de imagen de este alosnero que nos cita en su libro "Alosno, palabra cantada" (1992), Manuel Garrido Palacios, en la página 328:

Una alpargata y un boto,
una gorra y un sombrero,
un camisón medio roto
y un pantalón de agujeros,
eso es lo que yo me pongo.

¡Gusto no tendría, pero un ropero doble sí! Hay cosas para las que todos somos iguales, aunque con la variante de sexo masculino o femenino, y en el terreno de las mujeres una cosa está clara y da igual que la mujer sea fea o guapa, alta o baja. Nos lo dice así la coplilla popular:

Una niña muy bonita,
por muy bonita que sea,
no dejará de mojarse
los pelillos cuando mea.

Y hablando de feas, una cosa es que lo sea y otra que el antiguo novio la insulte de esta manera:

Una novia que yo tuve
las cuatro efes tenía:
Francisca, franca, fregona,
fea, flaca, floja y fría.

¡Pobre chavala! Y hay mujeres que se vuelven locas por nada:

Una muchacha en París
se estaba volviendo loca
porque tenía la boca
debajo de la nariz.

¿Dónde la iba a tener, leche? Aunque esto de las narices no hay quien lo entienda. Lean lo que de las fosas nasales nos dice el cantar popular:

Una institutriz en Alicante
tenía la nariz como un guisante.
La institutriz de Calahorra
tenía la nariz como una porra.
Hay que ver que no hay dos institutrices
que tengan de igual forma las narices.

Igual que en el idioma español que, según quien lo pronuncie, suena de diversas maneras, algunas tan difíciles como ésta que nos cita el cancionero "El pueblo andaluz" en su página 197:

Una vez que te quisí
y tu padre lo supió,
fue porque yo le dijí
que te casabas con yo,
como tiene el genio ansí
todo lo descompusió.

¡Ole, ole y ole! ¡Viva el lenguaje! Pero de seguro que todos habéis entendido lo que dijo este hombre al que no han hecho académico de la RAE por pura envidia. Bueno, este orador tampoco se queda atrás. La copla la anota, en la página 333, Manuel Garrido Palacios en el libro citado en estas páginas:

Donde digo trompicuezco
digo también estripundio.
Eso dijo un diputado
en la sala del Congreso
y esto no es ningún infundio.

"Trompicuezco", según el anotador, significa tropezón y "estripundio" la anota como que puede equivaler a dinero, a entendimiento, inteligencia o donosura. Anotemos nosotros también. Hay quien dice que el matrimonio es muy bonito, pero muy largo. Y al parecer es de esta manera. Así denomina la letra a los viudos que vuelven a casarse:

El que se casa y enviuda
y a la iglesia va otra vez,
o es tonto de nacimiento
o es que se ha vuelto después.

Lo leí hace unos días en un azulejo de un bar de Lebrija:

¡Viva el amor libre!
Toma a mi suegra
y dame a tu mujer:

Y en otro del mismo bar lebrijano llamado "El Mellizo":

Una mujer guapa es un peligro.
Una mujer fea, un peligro y una desgracia.

¡Qué manía le tienen algunos hombres a las mujeres! Nunca la alaban del todo, siempre le sacan algún defecto. Lean esta coplilla:

De las costillas del hombre
hizo Dios a la mujer,
la lengua le salió larga
y el coño le salió bien.

¡Hasta con Dios se meten estos indecentes! Lo que pasa es que el clero que lo representa tiene a veces un lenguaje... que pá qué:

Al pasar el arroyo
dijo el obispo:
-Si me mojo los huevos
me va a ver Cristo.

Quizás por eso haya mucha gente que no quiere monsergas cuando llegue la fatídica hora de la muerte. Y lo testamentan en una copla por seguiriya:

Cuando yo me muera
mira que te encargo
que no vengan ni frailes ni curas
a cantarme tangos.

Está claro que los parroquianos ven lo que ven y no pueden callarse la boca:

Dices que es un gato negro
el que entra por tu ventana,
en mi vida he visto yo
gato negro con sotana.

Y es que el clero no puede dar los ejemplos que da en algunas ocasiones, tal como nos cuenta esta copla de tierras toledanas:

El cura de Navalcán
le dice al de Parrilias:
-Yo soy más padre que tú
por ser padre de familia.

Y existen beatas que siempre van detrás de los curas, que siempre ellos no van a tener la culpa de tanta jodienda:

La beata santurrona
que en el entresuelo habita
tiene, según malas lenguas,
el amante en la buhardilla.
Y dice: -Tanto me encantan
las oraciones divinas
que paso días y noches
entregada al que está arriba.

Si ya lo anotaba "Don Preciso" en esta coplilla:

Beata es la que adoro,
pero no santa,
beata porque a todos
cuantos vé-ata.

¡Menuda santurrona! ¡Zorra es lo que era esta mujer, zorra! Tanto comprometen a los pobres curas que estos, a veces, claudican los pobres costándoles un buen digusto:

Le van a cortar el pito
al cura nuevo de Chilla,
se le está bien empleado
por joder en una silla.

Para que no me pase a mí lo mismo, voy a parar por hoy para quitarme los sudores del susto con una Cruzcampo bien fresquita. ¡A vuestra salud!

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